Mayo Francés: La semilla
de la crítica que da frutos al conocimiento
El
concepto de “educar”, proveniente del latín educare,
significa formar, instruir. Tomar aquella masa amorfa y moldearla, cargarla de
signos, íconos, estereotipos y cuestiones morales que definen entre lo que está
bien y mal, entre lo que debe ser o no. Educar es crear revoluciones, una lucha
entre lo moralmente criticado y lo naturalmente concebido. Educar es poner luz
sobre aquello que está tapado, sobre todo lo ya formado. Educar es cuestionar.
Y
es ahí, cuando el pueblo se cuestiona y de múltiples formas alza su voz para
ser escuchado, donde comienzan los procesos de cambio, donde las luchas por
distintos intereses desatan la batalla en donde no gana el más fuerte, sino el
más intelectual. Entendiendo la intelectualidad no como una suma de sabidurías
“almacenadas”, sino como la capacidad de poder razonar.
Históricamente,
parecería ser regla que el quinto mes de ciertos años, los cerebros estallen en
la revolución. Y si se entiende a la revolución como aquello que cambia el
estado de las cosas, una de las grandes “revoluciones de Mayo” fue la de 1968
en Francia: una serie de protestas iniciadas por grupos de jóvenes estudiantes
pertenecientes a partidos de izquierda.
Y
cuando las pequeñas revoluciones se unen por un mismo fin, poco importa las
diferencias de edades y sectores de la sociedad. En ese sentido, lo llamativo
de dicha serie de huelgas es que no solo abarcó el sector estudiantil, sino que
posteriormente se unieron grupos de obreros industriales y sindicatos, dando
como resultado la mayor huelga general en la historia de Francia.
Es
imposible dejar de lado el contexto: una época en donde la juventud se vio
afectada por una serie de cambios culturales, inmersos en una sociedad
consumista, acelerada, cada vez más influida por los medios de comunicación. El
reconocimiento del sector como un nuevo actor social, con su propia subcultura,
ídolos musicales y filosóficos. El nacimiento de grupo social que pensaba y se
replanteaba las pautas establecidas. Un sector que incendió y propagó el “fuego
intelectual” hacia múltiples partes del mundo.
Un pensamiento que se estanca es un
pensamiento que se pudre. Y si bien después de 1968 los conflictos sociales,
laborales y sindicales continuaron en Francia y sus al rededores, aquel “Mayo
Francés” fue el responsable de plantar la semilla, el primer paso en un camino
de cosechas, de aquellos que prefirieron pensar, sembrar críticas al
conocimiento, para dar nuevos frutos.




