martes, 15 de mayo de 2012

Dos líderes, el mismo carisma.


Dos líderes, el mismo carisma

Todo protagonista necesita un antagonista. Todo líder natural, “popular” y revolucionario necesita de una oposición, una aristocracia tradicional y conservadora que legitime su razón de ser. Sin olvidar el condimento que le da sabor al plato final: alguien que apoye el sistema, que vea en él un modelo de representación. Ya en la época romana, Julio César era considerado un “líder popular” o factio popularium, es decir, “partido de los del pueblo”. Con el correr de los años, las palabras fueron variando pero el concepto sigue siendo el mismo.

Un opositor de la aristocracia en cualquier tiempo y espacio, aquel que apuesta por las iniciativas populares destinadas a mejorar la calidad de vida de los trabajadores en cuanto a la distribución de la tierra, el alivio de las deudas y la mayor participación democrática del grueso de la población: un líder carismático, aquel que supo ganarse el apoyo y la confianza de los más indefensos, la clase obrera.

Muchos han sido aquellos “conductores” del sistema en el cual el poder recae más sobre el pueblo que en ellos mismos. Y, casualmente o no, la historia parece repetirse entre ellos, como si el destino de éstos líderes estuviera marcado por la pasión que conlleva apoyar su sistema. Es imposible negar que, estando a favor o en contra, movilizan grandes masas y, junto con ellas, el sentimiento y la pasión de sentir que hay alguien que los escucha, que es la voz de sus necesidades.

En Argentina, dos grandes líderes que reunieron las características de populares fueron Juan Domingo Perón y Néstor Kirchner. Muchos son los factores comunes que los unen en el tiempo: el apoyo de las masas populares, los grandes planes benefactores hacia los más necesitados y, sobre todo, la esperanza de cambio luego de haber “recibido el país” en condiciones tan desfavorables.

Esperanza de cambio, de un país mejor, parecería ser un término sacado directamente de un guión de novela literaria. Pero no es casual que dicha ilusión vaya acompañada por el apoyo de la juventud hacia ambos gobiernos. La participación, la lucha por los ideales, la “camiseta” que se defiende hasta las últimas consecuencias es otra de las principales características comunes entre ambos íconos.

Toda historia tiene su final, todo ciclo tiene su nuevo comienzo y las historias parecen reciclarse para perdurar en el tiempo. Casualmente o no, ambos movimientos siguen “vivos” más allá de la muerte de quienes le dan el nombre a la camiseta del partido. Compañeros o no, ambos líderes son más que fundadores. Ambos líderes fueron, y son, trabajadores.

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